Hay pisos que se mantienen durante décadas con la misma distribución, no porque sea la mejor, sino más bien por costumbre. Sin embargo, hay espacios que molestas y nadie se los cuestiona. Hay pasillos que ocupan metros de algo que podría ser salón o una cocina cerrada podría abrirse para no aislar a quien cocina del resto de la casa. También puede haber un baño que quedó pequeño o una habitación en desuso que únicamente ocupa lugar. En cada una de esas incomodidades, hay una posibilidad de cambio que, si se hace bien, la vivienda se transforma por completo.
Gran parte de los pisos del centro de Madrid y de los barrios consolidados se construyeron en los años cincuenta, sesenta y setenta, con distribuciones pensadas para una forma de vivir que ya no existe. Habitaciones pequeñas y separadas, cocinas de servicio, salones formales que nadie usa. Hoy la gente quiere espacios abiertos, luz natural, cocinas integradas y zonas de trabajo en casa (un espacio que hace veinte años prácticamente no existía). Esa diferencia que suele aparecer entre el espacio concreto y el que se precisa suele ser la principal razón por la cual la rehabilitación integral creció tanto. Según datos del Observatorio de Vivienda y Suelo recogidos por el Ministerio de Vivienda, obra nueva y rehabilitación presentan hoy niveles de actividad prácticamente equivalentes en España, algo impensable hace veinte años, cuando la rehabilitación apenas representaba el 18% del negocio total de la edificación.
Lo que cambia una reforma de verdad
Una reforma que se limita a pintar, cambiar suelos y renovar los baños, mejora la apariencia del hogar. Por su parte, una rehabilitación integral implica replantear la distribución, renovar las instalaciones de electricidad, fontanería y climatización, cambiar carpinterías y mejorar el aislamiento. Se trata, prácticamente, de reorganizar toda la disposición de la vivienda.
Uno de los cambios que más se impone es la apertura de espacios. Derribar el tabique entre cocina y salón, o entre dos habitaciones pequeñas para ganar una grande, transforma por completo la vivienda, de una manera que ningún mueble ni pintura puede lograr. La luz se adapta al espacio de otra forma y el piso parece tener otras dimensiones. Como recoge Diario Design en el análisis de una reforma en el centro de Madrid, concentrar los servicios en un núcleo central y despejar el perímetro permitió que un piso de apenas 55 metros cuadrados ganara continuidad visual entre sus dos fachadas, con la luz recorriendo la vivienda de extremo a extremo. El resultado fue que el espacio dejó de sentirse como un límite.
Además, una ventaja que no siempre se tiene en cuenta es que una rehabilitación de esta índole también es una oportunidad para modernizar toda la estructura que hay detrás de las paredes. Las instalaciones eléctricas de un piso de los años setenta no están preparadas para el consumo actual, no tienen circuitos independientes, la potencia contratada se queda corta y no cumplen la normativa vigente. Las ventanas de aluminio sin rotura de puente térmico generan condensación en invierno y pérdida de calor constante y la fontanería puede llevar décadas funcionando con tuberías que no han dado problemas visibles pero que están cerca de hacerlo. Por ello, aprovechar para modernizar estas estructuras es también parte del estímulo para realizar estas obras.
Madrid como laboratorio de rehabilitación
Desde las autoridades de la ciudad se desarrollan distintos proyectos para que la rehabilitación de las viviendas deje de ser una decisión puramente individual. El Ayuntamiento gestiona varios planes orientados a ese objetivo, tales como el Plan Rehabilita, el Plan Adapta y el Plan Transforma tu Barrio, el último se centra en barrios con mayor necesidad de intervención. Hay convocatorias anuales de subvenciones que permiten financiar parte del coste de estas actuaciones, algo que cambia considerablemente el cálculo para muchos propietarios. El problema es que una proporción alta de ellos no sabe que existen o no sabe cómo solicitarlas, y proyectos que podrían haberse financiado parcialmente con fondos públicos acaban sufragándose íntegramente de bolsillo por falta de información.
Desde Geneop se explica que el desconocimiento de estas ayudas disponibles perjudica a la decisión de realizar una reforma, ya que el gasto económico suele ser el principal freno para los propietarios que se plantean una rehabilitación integral.
El papeleo que nadie quiere gestionar
Otro freno que se suele presentar es el trámite burocrático. Dependiendo de la envergadura de la obra, puede ser necesaria una licencia de obra mayor, lo que implica un proyecto visado por un arquitecto y un proceso de validación municipal que puede alargarse varios meses. No es un trámite menor. Según explica Arquality, cualquier actuación que implique mover muros de carga, alterar la estructura del inmueble o cambiar el uso del espacio requiere ese tipo de licencia, y saltársela tiene consecuencias que van desde multas hasta problemas serios en el momento de vender la vivienda o en caso de inspección técnica del edificio.
Gestionar mal o ignorar esta fase es uno de los errores más frecuentes en proyectos de reforma. Un error que, además, suele salir más caro que haberlo hecho bien desde el principio. El plazo se alarga, aparecen imprevistos que no estaban presupuestados y la obra que iba a durar tres meses se convierte en seis.
La decoración como última capa, no como única
Cuando se piensa en una reforma se suele pensar, en un primer momento, en las soluciones más rápidas y visibles, como pueden ser la pintura, el cambio de mobiliario o alguna reorganización de las habitaciones. Esto es comprensible porque es lo que más se ve y menos trabajo puede tener. Sin embargo, eso funciona únicamente cuando el resto está resuelto. Si se reacondiciona la cocina, pero no se corrige la mala ventilación, el problema va a tardar poco en hacerse notar. Hay que comprender que lo estético siempre depende de las decisiones técnicas previas y, cuando esas decisiones están bien tomadas, cualquier elección decorativa tiene un suelo firme sobre el que sostenerse.
De esta forma, cualquier piso de los años setenta, con pasillos oscuros y habitaciones compartimentadas, puede convertirse en un espacio completamente distinto y moderno. Solo hace falta saber qué quitar, qué conservar y cómo realizarlo.